El origen de los SISTEMAS POLÍTICOS

 

   “Existen dos madres de los sistemas políticos, de los que acertadamente puede decirse nacen los demás: uno lo llamamos con razón, monarquía, y al otro, democracia; el máximo exponente del primero es el pueblo persa, y del segundo, nosotros, los atenienses”.

(Platón, Las Leyes)

 

 

 

 

LOS ESTADOS Y SUS SISTEMAS POLÍTICOS

 

 

Para acercarnos y tratar de conocer los posibles sistemas políticos que se pueden dar en un Estado, tendremos que comenzar por distinguir lo que es una cosa y la otra pues, como bien dice Jiménez de Parga en su obra “Los Regímenes Políticos Contemporáneos”, el régimen político que ha adoptado un país no debe de identificarse con el Estado de ese país; opinión ésta en la que no parece coincidir toda la doctrina, si bien, nos debe servir como premisa introductoria.

   Algo en lo que no parece haber discordancia es en que fue Maquiavelo (Il Prícipe – 1513) quien primero asoció la palabra Stato a lo que, hasta entonces, se conocían por Repubbliche o Principati: Tutti gli Stati, tutti i dominii che hanno avuto, e hanno imperio sopra gli uomini, sono stati e sono o Repubbliche o Principati. (Todos los estados, todos los dominios que han tenido y tienen soberanía sobre los hombres, han sido y son o repúblicas o principados).

   No cabe duda de que, tanto Maquiavelo como pocos años después haría Jean Bodin en su obra Les Six Livres de la République (1576), asociaban a la República, a lo que hoy conocemos como Estado, una de sus imprescindibles características, “el poder”: Respublica est familiarum rerumque inter ipsas communium summa potestate ac ratione moderata multitudo (República es un recto gobierno de varias familias, y de lo que les es común con poder soberano).

   Las definiciones de estos dos clásicos nos han de ayudar a distinguir sobre nuestra concepción de Estado y Sistema Político y, aunque por el momento no será necesario entrar en algo tan polémico como es el concepto de Estado, nos deberá bastar con reseñar que, el poder político, la soberanía, sin ser la única, es una de las cualidades fundamentales que caracterizan al Estado. Cuestiones estas que abordaremos fijando nuestra atención en la concepción de ese nuevo elemento, el poder, que nos apuntaban Bodino y Maquiavelo.

   Muchos son los autores que han pretendido definir el poder político. Nosotros nos quedaremos con la definición que el sociólogo y jurista mexicano, Lucio Mendieta y Núñez, tras reflexionar sobre las de Hobbes, Hauriou, Ortega y Gasset y Max Weber, nos deja en su obra “Sociología del Poder”: La posibilidad de una persona, excepcionalmente de reducido número de personas, en cada país, de actuar sobre los elementos del Estado por medio de la organización política, jurídica, burocrática y militar del mismo con objeto de realizar los fines estatales.

   Para lo que seguidamente expondremos, es importante significar que, aun cuando la definición anterior no contempla expresamente los casos en los que el pueblo ejerce el poder político, si lo hace implícitamente al hablar de reducido número de personas, pues no excluye el hecho de que ese reducido número de personas pueda estar ejerciendo el poder político en nombre y representación de todo el pueblo al haberlas designado para tal fin mediante elecciones libres y democráticas.

   Siendo la soberanía, como bien la definía Jean Bodin, el poder absoluto y perpetuo de una República, podemos aproximarnos a una clasificación de los “Sistemas Políticos”, considerando que, en un Estado, el poder político pueda ser ejercido por uno, por unos pocos de sus ciudadanos o por la mayor parte de ellos. Así, llega a afirmar Bodino que, en función de esto, sólo hay tres clases de Estados: la monarquía, la aristocracia y la democracia.

   Se denomina monarquía, continúa diciendo este autor, cuando la soberanía reside en una sola persona, sin que participe en ella el resto del pueblo; democracia o estado popular, cuando todo el pueblo o la mayor parte, en corporación, detenta el poder soberano; aristocracia, cuando la parte menor del pueblo detenta en corporación la soberanía y dicta la ley al resto del pueblo, sea en general o en particular.

   Esta clasificación deviene ya de la Grecia clásica y es compartida por la mayor parte de la doctrina y autores que a su vez coinciden en esta otra que nos legó Aristóteles atendiendo a la rectitud y justicia con la que se ejerce el poder político, esto es la soberanía.

   Dice Aristóteles en su Política, y así concluimos esta primera aproximaciónalos tipos de “Sistemas Políticos”: Es evidente que todos los regímenes que miran por el bien común son rectos, desde el punto de vista de lo absolutamente justo, y que cuantos atienden sólo a lo particular de los gobernantes son erróneos y todos ellos desviaciones de los regímenes rectos; pues son despóticos y la ciudad es comunidad de los hombres libres.

   De los gobiernos unipersonales solemos llamar monarquía al que vela por el bien común; al gobierno de pocos, pero más de uno, aristocracia; y cuando la mayoría gobierna mirando por el bien común, recibe el nombre común a todos a todos los regímenes políticos: república (politeia).

   Desviaciones de los citados son: la tiranía, de la monarquía, la oligarquía, de la aristocracia y la democracia, de la república. La tiranía, en efecto, es una monarquía orientada al interés del monarca, la oligarquía, al de los ricos y la democracia, al interés de los pobres. Pero ninguna de ellas presta atención a lo que conviene a la comunidad.

 

 

 

 

 

 

 

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