El origen de los partidos políticos y su influencia en la formación de la voluntad popular

"Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos". (Artículo 6 C.E.)

    Según Maurice Duverger, en 1850, ningún país del mundo (con excepción de los Estados Unidos) conocía partidos políticos en el sentido moderno de la palabra: había tendencias de opiniones, clubes populares, asociaciones de pensamiento, grupos parlamentarios, pero no partidos propiamente dichos.  "En 1.950, éstos (los partidos políticos) funcionan en la mayoría de las naciones civilizadas. 

   Otorga Duverger un origen electoral y parlamentario al nacimiento de los partidos políticos cuya génesis se desarrolla en tres etapas: la primera en la que se crean los grupos parlamentarios; otra segunda en la que aparecen los comités electorales y, finalmente, una tercera en la que se establece una relación permanente entre los dos elementos anteriores.

   Sobre esta cuestión, comenta Sánchez Agesta que para comprender debidamente no sólo las diferencias entre los tipos de partidos, sino el papel que juegan en el mundo contemporáneo, es preciso analizar el proceso político en que se suceden", distinguiendo al respecto varias fases o etapas.

   El nacimiento del sistema inglés, cuyo origen lo sitúa en las luchas del siglo XVII donde las facciones en pugna sangrienta, con conceptos radicalmente divergentes sobre el contenido del orden político se transforman en "partidos" que, dentro de una misma concepción de los fundamentos de la vida pública, mantienen distintas opiniones sobre los medios de acción y los fines políticos.

   El régimen de partidos continental, del que dice no supera como en Inglaterra una división para resolverla en una discusión de opiniones sobre el gobierno, sino que, por el contrario, sirve para organizar esa división, cuyo detonante lo enraíza con la Revolución Francesa al dividir ésta el espíritu europeo dentro de cada pueblo con relación a una serie de temas de valor irreductible.

   El nacimiento de los partidos de clase, que tiene lugar al hacer acto de presencia, después de la primera guerra europea, primero, los partidos socialistas y más tarde los partidos comunistas que se constituyen como instrumentos políticos de clase y denuncian a los demás partidos como instrumentos de la clase burguesa, frente a la que el proletariado plantea sus reivindicaciones.

   La aparición de los partidos únicos, que surgen desde 1.918 y con signos opuestos, y que son primero partidos insurreccionales en clara oposición a los demás partidos con los que concurren y a los que quieren suprimir, para instaurar a través de una rebelión o por el mismo curso de las vías legales un régimen nuevo.

   La situación de la posguerra desde 1945, donde comienza a perfilarse un nuevo principio de institucionalización de los partidos, que aparecen reconocidos por las respectivas constituciones en condiciones que determinan una distinción entre partidos legítimos e ilegítimos. Los partidos se conciben como las diversas expresiones de una sociedad pluralista, en las que surgen como elementos que tienden a encauzar y conciliar las diferencias ideológicas y los conflictos de intereses en el cuadro que marcan sus constituciones.

   En resumen, sobre esta evolución de las fases y etapas en el desarrollo de los partidos políticos, podemos decir con palabras de Duverger que, en general, el desarrollo de los partidos parece ligado al de la democracia, es decir, a la extensión del sufragio popular y de las prerrogativas parlamentarias, pues como también dice Biscaretti di Ruffia, la amplia participación del pueblo en las funciones públicas en los Estados de democracia clásica del mundo contemporáneo ha conferido, además, nuevos caracteres a los nuevos partidos, transformándolos, de iniciales y simples asociaciones constituidas entre algunos componentes de las Cámaras parlamentarias en agrupaciones entre ciudadanos que se potencian, esencialmente, con motivo de las varias competiciones electorales y, en fin, en complejas y vastas organizaciones dirigidas a influir de modo permanente en la opinión pública.

   Es en esta última cuestión donde interesa destacar la influencia que ejercen los partidos en la opinión pública, resaltando que no es tanto nuestro interés por la evolución o transformación de las asociaciones en partidos sino por la forma y manera en que lo ha hecho el ejercicio de esa influencia, necesaria para poder conformar la opinión pública transformándola en la voluntad popular.

   A fin de mejor comprender la influencia de los partidos políticos en la formación de la opinión pública, centraremos nuestro interés en esas dos primeras etapas que anteriormente mencionábamos.

   En lo relativo al sistema inglés, escribe George H. Sabine en su “Historia de la Teoría Política” que las guerras civiles inglesas señalan la primera aparición de la opinión pública como factor importante en la vida política. Esta discusión sobre las guerras civiles de mediados del XVII, sostenida por medio de folletos, fue el primer gran experimento en materia de educación política popular que utilizó la prensa de imprimir como órgano del gobierno mediante la discusión.

   Habrá que ver, pues, la manera que, dentro del contexto histórico de las guerras civiles inglesas, nacen esos incipientes movimientos del pensamiento político para germinar en lo que Burke definiría como “un grupo de hombres unidos para fomentar, mediante sus esfuerzos conjuntos, el interés nacional, basándose en algún principio determinado en el que todos sus miembro están de acuerdo”. Palabras de Burke que han venido a convertirse en la clásica definición de lo que es un partido político.

   Son dos los grupos que en el sistema inglés empezaron a surgir entre las élites políticas, todavía pequeñas, de finales del siglo XVII:

   Los “whigs” (que toman su nombre de los escoceses de las tierras bajas que se oponían a la monarquía). Estaban a favor de que el poder del Parlamento aumentara y disminuyera el del monarca. Encuentran su apoyo entre los grupos de interés urbano y mercantil, y entre una minoría de las grandes familias terratenientes. En el siglo XIX se convertirían en los Liberales que quedarían en un segundo plano cuando, en el siglo XX, se fundara el Partido Laborista.

   Los “tories” (que se llamaron así por las bandas de proscritos que favorecían el catolicismo y la monarquía tradicional). Forman el partido de la corte. Apoyaron las pretensiones de la nobleza hereditaria y el derecho divino del Rey. Encuentran apoyo entre la mayoría de los nobles terratenientes y en una minoría de los grupos urbanos y comerciales interesados en los monopolios y en los favores de la corte. Se inclinaban menos que los whigs en favorecer la libre competencia y un gobierno más liberal. Posteriormente se convertirían en el moderno Partido Conservador.

   Estos dos grupos, junto con otras facciones quizás más radicales – Levellers (niveladores) y Diggers (cavadores) - fueron los “partidos políticos” que canalizaron la opinión pública del momento para convertirla en voluntad popular, opinión que, dentro de una misma concepción de los fundamentos de la vida pública, mantenía distintas opiniones sobre los medios de acción y los fines políticos.

   Respecto al régimen de partidos continental que enraizábamos con la Revolución francesa, dice Duverger que el nacimiento de los partidos en el seno de la Constituyente francesa de 1789 es un buen ejemplo de cómo los grupos locales se transforman posteriormente en grupos ideológicos.

 Cuando en Abril de ese mismo año los diputados de las provincias de los Estados Generales desplazados en Versalles, completamente desorientados, comienzan a reunirse por grupos de la misma procedencia regional con el fin de escapar a la impresión de aislamiento y preparar, al mismo tiempo, la defensa de sus intereses locales, se dan cuenta que su comunidad de opinión no versa solamente sobre las cuestiones regionales, sino también sobre los problemas fundamentales de la política nacional.

   Los primeros que tomaron esta iniciativa fueron los diputados bretones que alquilan una sala de café para sus reuniones regulares. Cuando la Asamblea cambió su ubicación de Versalles a París, el "club bretón" tuvo que interrumpir sus sesiones y buscar un nuevo local que, esta vez coincidió con el refectorio de un convento de donde les vendría el nombre con el que entraron en la historia,  Jacobinos. Un proceso análogo, transformando a un grupo local en animador de una facción doctrinal, dará origen más tarde al club de los Girondinos. De esta manera, no se confundirán con los grupos locales aquellos designados por su lugar de reunión.

   Pero veamos también en este régimen de partidos continental cual pudo ser o, mejor dicho, como pudo nacer ese estado de opinión pública que venimos diciendo se transforma en la voluntad popular.

   Parece evidente, a la vista del contenido del Edicto promulgado en Versalles el 24 de Enero de 1.789 que, entre otras, la intención de Luis XVI era la de conocer la opinión de su pueblo, es decir, la opinión pública: Tan importantes motivos Nos han determinado a convocar la Asamblea de Estados de todas las provincias de nuestra obediencia, tanto para que Nos aconsejen y Nos asistan en todas las materias que sean puestas a su consideración, como para hacernos conocer los deseos y las quejas de nuestros pueblos.

   Pero lo que también parece evidente es que esa opinión pública que el Rey pedía le hicieran saber, no se transforma en voluntad popular, pues lo que impera en Francia, todavía en esos momentos, es la voluntad real. El pueblo no impone su voluntad sino que, por medio de los Cuadernos de Quejas, lo que se hace es trasladar al Rey - en las voces de sus representantes previamente elegidos - las peticiones del pueblo para que aquél se digne escucharlas y, si así lo estimara, promulgarlas:

   Cuaderno de quejas de la Comunidad de Uchaud: Se suplica humildemente a su Majestad que ordene…

   Cuaderno de quejas de la ciudad de Vaencay: Los habitantes que componen el Tercer estado de esta ciudad y parroquia de Valencay en Berry suplican humildemente a su Majestad…

   Sin embargo, apenas dos años más tarde, son los propios representantes, igualmente elegidos por el pueblo, los que tratarán de conformar la opinión pública para transformarla en voluntad popular. Veamos si no, las palabras que pronunciara Danton a la Comuna, el día de su toma de posesión como procurador del Ayuntamiento de París en el "Discurso sobre los deberes del hombre público": “Es a esta clase de ciudadanos, que respeto, aunque presten oídos demasiados fáciles a las pérfidas insinuaciones de los que esconden bajo una máscara de moderación la atrocidad de sus planes; es, digo, a estos ciudadanos a los que debo, como magistrado del pueblo, darme a conocer claramente mediante una solemne profesión de fe de mis principios políticos (…) La voluntad general del pueblo francés, manifestada solemnemente en su adhesión a la Constitución, será siempre mi ley suprema”.

   Con estas manifestaciones que nos ilustran en nuestro propósito, dejamos bosquejada la cuestión sobre el origen de los partidos políticos y su influencia en la transformación de la opinión pública en voluntad popular.

   Para ampliar en la cuestión de los partidos políticos en España y el mandato que les infiere la Constitución Española..... VER: “EL MANDATO CONSTITUCIONAL A LOS PARTIDOS POLÍTICOS”